lunes, 5 de octubre de 2009

La estrategia de BDS, necesaria y efectiva

El Ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, declaraba el 2 de septiembre, antes de su visita a diversos países de Oriente Medio (Egipto, Territorios Ocupados Palestinos, Israel y Siria) que "éste es un momento en el que hay una nueva dinámica de paz, que puede ser la definitiva". La semana pasada, el enviado especial de los EEUU para el Oriente Medio, George Mitchell, se reunía desesperadamente con las autoridades de Jerusalén y de Ramallah, con el fin de poner las bases de un nuevo proceso de negociación. Ayer, 21 de septiembre, se reunían en Nueva York el presidente de los EEUU Barack Obama, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu y el presidente palestino Mahmoud Abbas (aunque éste último dejó de serlo legalmente el pasado 9 de enero).

Nuevos movimientos diplomáticos, con el mismo sonsonete pseudo-pacifista de siempre, que ya no generan demasiadas expectativas entre la opinión pública. Menos aún entre los palestinos que, escaldados con tantos años de engaños y decepciones, con tantos procesos de negociación vacíos, observan estas maniobras políticas con indiferencia. Los "felices años de Oslo" -cuando los "moderados" laboristas israelíes negociaban y hablaban de paz mientras construían colonias a un ritmo sin precedentes- han dejado una marca difícil de borrar en el pueblo ocupado.

Poco se puede avanzar hacia una paz justa cuando hay tantos prisioneros. No me refiero sólo a los cerca de 10.000 prisioneros palestinos y al soldado israelí retenido en la Franja de Gaza. Hay muchos más: EEUU es prisionero del poderoso lobby sionista (judío y cristiano); Israel es prisionero de una ideología racista, colonialista y militarista (sionismo) y del influyente -y agresivo- movimiento colono; la Autoridad Palestina-Fatah-OLP (que son casi sinónimos) son prisioneros de la ayuda militar y económica internacional, de los privilegios adquiridos después de Oslo y de sus ambiciones de poder; y Hamas, sin el cual no se puede llegar a ningún acuerdo de paz, es prisionero en los 360 kilómetros cuadrados de la Franja de Gaza, como consecuencia del bloqueo casi total llevado a cabo por Israel, e implementado parcialmente por Egipto.

Nir Hafetz, el portavoz del primer ministro israelí, ya se encargó hace unos días de aniquilar cualquier brizna de esperanza cuando declaró en la Army Radio que "Él [Netanyahu] ve los asentamientos en Judea y Samaria [Cisjordania] como una empresa sionista, y los colonos de Judea y Samaria como sus -nuestros- hermanos". Añadió que "Hay algunos políticos... que ven parar la construcción, o ceder territorio nacional, o perjudicar a los asentamientos de Judea y Samaria como un activo, algo que puede ayudar a Israel. El primer ministro no forma parte de esta gente". Remató la cuestión diciendo "Nunca habéis oído al primer ministro decir que congelaría la construcción de asentamientos. Lo contrario es cierto.


El equilibrio de fuerzas en este eterno conflicto, donde el ocupante es inmensamente más fuerte que el ocupado, hace que las negociaciones equivalgan a rendiciones para el pueblo palestino. Los desastrosos acuerdos de Oslo son una buena muestra para el pueblo palestino del qué puede pasar cuando se negocia en condiciones de inferioridad. Enfrente de la improductiva y frustrante vía diplomática, la estrategia del Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel se revela cada vez como más necesaria, ya que es posiblemente la única capaz de alterar la balanza del poder. Cualquier experto en resolución de conflictos sabe que es inmensamente difícil arrancar concesiones de la parte fuerte. ¿Por qué lo tendría que hacer? Sólo puede perder. Y es por eso que Israel no lo ha querido hacer, 61 años después de la Nakba, y 42 después de la ocupación de 1967. Pero el BDS tiene el enorme potencial de torcer el brazo a la ocupación y al proyecto sionista, y obligar a Israel a hacer importantes concesiones. Cuando la sociedad israelí llegue a la dolorosa conclusión de que la ocupación de 1967 ya no le sale a cuenta -debido a las pérdidas económicas, el aislamiento político, cultural y académico generados por el BDS- la paz justa estará mucho más cerca.

La estrategia del BDS no sólo es necesaria, sino que además está demostrando ser cada vez más efectiva. A una velocidad muy superior que su precedente sudafricano, está generando un movimiento de solidaridad internacional (incluso dentro de Israel) que no para de acumular pequeñas pero significativas victorias: la desinversión de la empresa francesa Connex/Veolia del tranvía ilegal de Jerusalén; la desinversión del fondo de pensiones público noruego de la empresa Elbit, implicada en la seguridad del muro de Cisjordania; la exclusión por parte de las autoridades españolas de la Universidad colona de Ariel de la competición de arquitectura sostenible Solar Decathlon; la Declaración de Toronto en contra de las celebraciones en honor a Tel Aviv en el Festival Internacional de Cine de Toronto; el apoyo al BDS del sindicato británico TUC, que se añade al ya mostrado por los sindicatos irlandeses y sudafricanos; la recomendación de la Comisión Parlamentaria de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional de Brasil de que el Parlamento de aquel país no ratifique el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Israel y el MERCOSUR hasta que Israel acepte la creación de un Estado Palestino en las fronteras de 1967; y un largo y creciente etcétera.

El camino del BDS ya está trazado. Nos toca a nosotros decidir si preferimos seguir escuchando vacías palabras de paz -como las de la cantante Noa o las de Shimon Peres- o pasar a la acción para hacer de esta paz -justa- una realidad.

Marcel Masferrer. A terra Santa

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